Cuando tenía al rededor de cinco años, mientras nos encontrábamos veraneando en la playa, en el balneario de San Carlos en la comuna de El Tabo, comenzaba una nueva versión del Festival de Viña del Mar, en ese entonces transmitido y organizado por Televisión Nacional de Chile. En esa ocasión, mi tía tuvo la excelente idea de organizar junto a nuestra familia un “cóctel” de inauguración del evento. Cosas para picar, bebidas y tragos para los mayores, hicieron de esa fecha un tema muy especial. Hasta hoy y como cada año nos preparamos en familia para celebrar un año más de festival, en una tradición que espero traspasar a mis hijos. Después de todo es sólo una linda excusa para compartir juntos en familia y amigos.
De esta pequeña anécdota ocurrida a principio de los ochenta ya han pasado más de veinticinco años, y pese a que constantemente el Festival de Viña ha ido perdiendo adherentes en nuestro público, para mi sigue siendo trascendente en forma personal.
Es imposible separar los sentimientos, las vivencias y los recuerdos personales de este evento que marcaba cada verano.
Por el escenario de la Quinta Vergara han pasado cientos de artistas (algunos más importantes que otros), y que recordamos aunque hayan sido un fiasco sus presentaciones. Podemos tomar a los más destacados como The Police (que incluso en Chile no muchos pudieron apreciar su venida porque no los conocían) hasta las desastrozas presentaciones de otros artistas que murieron en el anonimato.
Cómo no recordar a Ubiergo, cuando se convertía en el compositor chileno que rompía todas las marcas ganando festivales internacionales como el de Benidorm, en España; el de Viña y el de la OTI (cuando era el evento musical que se transmitía practicamente en toda latinoamérica).
El paso de cantantes como Julio Iglesias, Camilo Sesto, José Luis Rodríguez, Ray Coniff, Miguel Bosé y Bryan Adams entre otros han marcado generaciones y generaciones.
En el ámbito musical ha sido imperdonable que la canción “Laisse-moi le Temps“, no haya ganado el festival siendo finalmente la de mayor trascendencia, cuando el propio Frank Sinatra la convirtiera en un éxito mundial en su versión inglesa “Let me try again”.
En el aspecto folclórico sin duda estamos ante un punto a parte. Cada vez ha quedado más relegado al punto de pensarse en eliminarla del certamen. ¿Cómo no va a ser importante una competencia que, además de mostrar al mundo la esencia musical de nuestro país, ha levantado canciones como “La Consentida”, “El Corralero”, “Qué bonita va”, “La tejedora” y “La Reina del Tamarugal” entre otras?
Los recuerdos alcanzan también a las radios, que sin emitir oficialmente el evento, eran también parte con programas especiales y con comentarios después de terminada la noche y que comentaban todo sobre las presentaciones de los artistas, incluyendo los sabrosos “pelambres”.
Desde hace ya un tiempo el festival tras ser licitado ha perdido su anclaje popular. Antes, recuerdo a todos los medios presentes en las inmediaciones del Hotel O’Higgins y de la Quinta Vergara intentando entrevistar a los artistas. Medios nacionales y regionales tenían el mismo privilegio. Los diarios sacaban suplementos especiales de cobertura del evento. Pero luego de que Megavisión (hoy Mega) se hiciera cargo del Festival todo cambió. Se hizo un monopolio de la información, se restringió el acceso de los demás canales y medios y todo se formalizó a tal punto que fue perdiendo notoriamente el interés del público en este evento.
Todo eso continúa hasta hoy, y el recordado periodista Guillermo Zurita no se sentiría en absoluto contento al observar que su creación de “la reina del festival” hoy es una guerra de siliconas entre canales para bajarle el perfil al evento mismo.
Antes la fiesta era del pueblo chileno y eso trascendía al mundo, algo así como nuestra propia fiesta. Nadie le pide a los brasileños que hagan más internacional la zamba, ni que cambien su carnaval para hacerlo más latinoamericano. Lo mismo debe suceder con Viña. Mega casi sepultó al Festival con la famosa “mexicanización”.
Está bien, sabemos que con la llegada de la TV por cable, más la realización de conciertos masivos en Chile han ido relegando al Festival de Viña a un segundo plano. Pero mi interés, en esta columna es que se entienda que este evento es algo más que un conjunto de artistas y grupos cantando. Es más que un show televisivo. El Festival de Viña es parte de la cultura nacional, y como tal debemos exportarla. Desde Chile al mundo.